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Cuaresma 2014. Cuarenta días con los últimos

José Eizaguirre

Lunes 3 de marzo de 2014
Publicado en alandar nº306


"La estadística es la ciencia que, si yo me como dos pollos y tú ninguno, concluye que nos hemos comido un pollo cada uno". Con esta imagen tragicómica se presenta un año más la campaña Cuaresma, cuarenta días con los últimos, promovida por los religiosos marianistas de España. Una campaña que, desde hace diez años, propone dedicar cada uno de los cuarenta días de la cuaresma a cada uno de los países que están a la cola en alguno de los aspectos que conforman algo tan complejo como es el desarrollo humano.

Con este trasfondo, el hilo conductor este año será el de las desigualdades en el desarrollo humano, una cuestión de tremenda actualidad. El Informe sobre Desarrollo Humano 2013, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) comienza presentando una dolorosa ambigüedad:

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 2012 muestra un importante progreso. En las últimas décadas, países de todo el mundo se han encaminado hacia niveles más altos de desarrollo humano. El ritmo de progreso del IDH ha sido más rápido en países ubicados en las categorías inferiores y centrales de desarrollo humano. Se trata de una buena noticia. No obstante, para progresar se necesita más que una mejora promedio del IDH. No es deseable ni sostenible que el crecimiento del IDH esté acompañado por una creciente desigualdad en los ingresos, patrones insostenibles de consumo, elevado gasto en defensa y escasa cohesión social. (Resumen, p. 2).

Es así. Para progresar, se necesita más que una mejora promedio... Como afirma la frase ingeniosa de más arriba, no solo se trata de calcular cuántos pollos nos hemos comido de media, sino de saber cómo han sido repartidos.

El propio PNUD es consciente de esta circunstancia y lleva tiempo introduciendo en sus informes algunos índices que pretenden completar la visión del desarrollo humano midiendo, precisamente, esa creciente desigualdad que es la otra cara de la moneda y que no solo ya no es una buena noticia, sino que es un hecho preocupante, alarmante y, más aún, indignante.

La visión cristiana del desarrollo humano viene corroborando esto. Ya en 1967, Pablo VI afirmaba en la encíclica Populorum Progressio (14): “El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre”.